Sheyjul Hind, Moulana Mahmudul Hasan (rahimahul’lah, que Al’lah tenga misericordia de él), fue un renombrado santo y erudito del siglo pasado que vivió en la India. Fue el primer alumno de Darul Ulum Deoband y posteriormente se convirtió en su director. Era ampliamente respetado por su piedad, conocimiento y destacado papel en la lucha por la independencia de la India. Moulana falleció el 18 de Rabiul Awal de 1339 H (30 de noviembre de 1920).

Tenía la costumbre de criar una vaca para la Udhiyah / Qurbani (sacrificio ritual) cada año. La cuidaba personalmente durante todo el año: la bañaba, la alimentaba y le demostraba un gran cariño. La trataba como si fuera su propio hijo, y la vaca también llegaba a sentir un profundo afecto por él. En una ocasión, el animal se encariñó tanto que, cada vez que él salía de casa para dar clases en Darul Ulum Deoband, lo seguía hasta la madrasa y permanecía allí hasta que terminaban las lecciones. Luego, cuando regresaba a casa, la vaca lo seguía nuevamente.

A medida que se acercaba el día del sacrificio, Sheyjul Hind (rahimahul’lah) reducía su ración habitual de hierba y, en su lugar, le daba leche y Yalebi (un dulce frito en forma de espiral, bañado en almíbar). Poco antes del sacrificio, le aplicaba henna y lo adornaba con flores, pues Al’lah (Ta’ala, Todopoderoso) ordena gastar lo más preciado en Su camino. De esta manera, desarrollaba un profundo apego hacia el animal. Luego, el día del Eid, lo sacrificaba e incluso sus ojos se humedecían de lágrimas. [Tazkirah Sheyjul Hind, pág. 125 y Malfuzat Faqihul Ummat, vol. 4, pág. 105]

En otra ocasión, Sheyjul Hind (rahimahul’lah) crió una vaca para la Udhiyah con el mismo esmero y dedicación. La alimentaba con grano y la cuidaba durante todo el año. Después del Salah de Asr, la llevaba al campo y la hacía correr para que se fortaleciera y engordara. Llegó a ser tan robusta y saludable que recibió ofertas de hasta ochenta rupias por ella, mientras que en aquella época una vaca de buena calidad podía comprarse por tan solo diez o quince rupias. Sin embargo, Sheyjul Hind (rahimahul’lah) rechazó todas las ofertas y la sacrificó el día del Eid. En el momento del sacrificio, las lágrimas brotaban de sus ojos. [Jutubat-e-Hakimul Ummat, vol. 17, pág. 145]

Sheyjul Hind (rahimahul’lah) fue encarcelado en Malta por los británicos debido a su oposición al dominio colonial y su lucha por la independencia. Sentía tal pasión y fervor por la Udhiyah que, así como en su hogar acostumbraba sacrificar varios animales cada año, deseaba hacerlo incluso estando en prisión. Aunque a los prisioneros no les era permitido sacrificar animales, Sheyjul Hind (rahimahul’lah) solicitó a las autoridades que si le pueden facilitar un animal y le concedieran permiso para sacrificarlo. Todo lo que se hace por Al’lah Ta’ala deja, sin duda, un efecto. Finalmente, las autoridades accedieron y le permitieron realizar la Udhiyah. Se compró una oveja por siete guineas —un precio exorbitante— que Sheyjul Hind (rahimahul’lah) pagó con gusto.

El 10 de Dul Hiyyah, Sheyjul Hind (rahimahul’lah) realizó la Udhiyah mientras pronunciaba el Takbir en voz alta en aquella tierra de incredulidad, donde la sunna del Profeta Ibrahim (alayhis salam – que la paz sea con él) quizá no se había practicado desde la caída del dominio islámico. [Hallat-e-Sheyjul Hind, pág. 118]

Lecciones:

  1. La Udhiyah (sacrificio ritual) debe presenciarse, sentirse y experimentarse personalmente. Si bien organizar sacrificios en lugares de escasez es indudablemente gratificante y beneficioso, sin embargo, no se debe permitir que esta práctica desaparezca de nuestros propios hogares y la comunidad. Si alguien tiene los medios, es preferible que realice su sacrificio obligatorio (Wayib Qurbani) localmente y que lleve a cabo tantos sacrificios voluntarios (Udhiyah) como sea posible en zonas precarias. Cuando los niños crecen sin ver jamás un animal cuidar y sacrificarlo por Al’lah Ta‘ala, la realidad y el espíritu de esta gran sunna se desvanecen gradualmente de sus corazones, hasta el punto de correr el riesgo de convertirse en una simple transacción en línea. El espíritu del sacrificio revive cuando la persona presencia personalmente el acto mientras recuerda a Al’lah Ta‘ala. Tal era el espíritu de nuestros piadosos predecesores que, incluso en prisión y en una tierra de incredulidad, no podían soportar que pasaran los días de la Udhiyah sin revivir esta gran sunna.
  1. La Udhiyah no consiste únicamente en sacrificar un animal; representa el sacrificio de los deseos, los apegos y las posesiones más preciadas por amor a Al’lah Ta‘ala. La manera en que Sheyjul Hind (rahimahul’lah) cuidaba y acariñaba a sus animales durante todo el año, para luego sacrificarlos con lágrimas en los ojos, reflejaba el verdadero espíritu de la Udhiyah enseñado por el Profeta Ibrahim (alayhis salam). Hoy en día, lamentablemente, la Udhiyah se ha convertido en un ritual seco, realizado sin sentimiento ni reflexión, cuando la esencia de este gran acto de adoración reside en amar a Al’lah Ta‘ala, honrar Su mandato y renunciar voluntariamente a aquello que uno ama únicamente por buscar Su complacencia.
Este artículo fue publicado gracias a la colaboración de USWATUL MUSLIMAH.