El gran Imam y muháddiz, Abdul’lah ibn Mubarak (rahimahul’lah, que Al’lah tenga misericordia de él), realizaba el Hayy con regularidad. Viajaba en una caravana con abundante equipaje, acompañado de numerosos sirvientes y de muchas otras personas cuyos gastos patrocinaba.

En uno de sus viajes para el Hayy, lo acompañaba un sirviente que llevaba una perdiz. Un día, mientras recogía el campamento, el sirviente descubrió que la perdiz había muerto. Sabiendo que era carroña y que, por lo tanto, no podía consumirse, la dejó en un vertedero cercano.

Abdul’lah ibn Mubarak (rahimahul’lah) ya estaba montado en su caballo cuando, de repente, vio a una joven observando atentamente desde la puerta de una casa cercana al vertedero. Al darse cuenta de que intentaba pasar desapercibida y esperaba una oportunidad para salir sin ser vista, se volvió, fingiendo no haberla notado. Ella corrió inmediatamente hacia el vertedero, vestida únicamente con una prenda que cubría la parte inferior de su cuerpo, y, tan rápido como pudo, tomó la perdiz muerta y regresó corriendo a su casa.

Abdul’lah ibn Mubarak (rahimahul’lah) ordenó a su sirviente que llamara a la puerta de aquella humilde vivienda. El sirviente obedeció y la joven abrió.

Abdul’lah ibn Mubarak (rahimahul’lah) le preguntó por qué había recogido el ave muerta. Ella respondió:

«Vivo aquí con mi hermana. No poseemos nada más que la prenda que llevo puesta. Nuestro padre era un hombre rico, pero cuando falleció fuimos oprimidas y nos despojaron de nuestra parte de la herencia. Desde entonces, hemos vivido en tal pobreza y necesidad que incluso la carroña nos resulta lícita. No hay nada en esta casa aparte de esta prenda. Cuando yo la llevo puesta, mi hermana no tiene nada con qué cubrirse. Esta prenda es nuestra ropa, nuestra ropa de cama e incluso nuestra manta».

Abdul’lah ibn Mubarak (rahimahul’lah) preguntó:

«¿No tienen ningún tutor o protector?».

Ella respondió:

«¡Por Al’lah, no!».

Abdul’lah ibn Mubarak (rahimahul’lah) se conmovió profundamente por la difícil situación de las dos hermanas y sintió compasión por ellas. Envió a un sirviente a traer de vuelta el equipaje que había enviado por adelantado y luego se dirigió a su tesorero:

—¿Dónde está el dinero que trajimos para los gastos del viaje?

—Lo llevo conmigo —respondió el tesorero.

Abdul’lah ibn Mubarak (rahimahul’lah) había llevado consigo mil monedas de oro. Entonces le indicó:

—Reserva veinte monedas de oro, que serán suficientes para nuestro regreso a casa, y entrega a la joven todas las demás.

Cuando regresó al campamento, alguien le preguntó por qué había cancelado su peregrinación. Él respondió:

«Se me presentó la oportunidad de obtener una recompensa mayor que la de una peregrinación voluntaria».

[Al-Muntazam, vol. 9, pág. 62]

Lecciones:

1. Es sumamente importante establecer correctamente nuestras prioridades y actuar en consecuencia. Abdul’lah ibn Mubarak (rahimahul’lah) comprendió que, aunque ya había planificado el Hayy y había recorrido parte del camino, la necesidad más urgente y la acción más virtuosa en ese momento era ayudar a aquellas jóvenes necesitadas. De igual manera, si una persona tiene deudas pendientes y sus acreedores le exigen el pago, debe saldarlas antes de realizar una Umrah o un Hayy voluntarios. Asimismo, es incorrecto abandonar a unos padres ancianos que necesitan de sus cuidados para emprender una Umrah voluntaria.

2. Aunque el Hayy y la Umrah voluntarios conllevan una enorme virtud y recompensa, no debemos descuidar la ayuda a los necesitados, especialmente cuando se trata de familiares.

3. Si una persona no tiene la oportunidad de viajar a la Tierra Santa para realizar el Hayy, ello no significa que quede privada de la recompensa divina. Al dedicarse a la forma de adoración que resulta más importante en un momento determinado, puede incluso alcanzar una recompensa mayor.

4. Un creyente no adopta la actitud de «sálvese quien pueda». Cuando ve a un hermano o hermana en la fe atravesando dificultades, su corazón se conmueve. Con esa preocupación sincera, procura hacer todo lo que esté a su alcance para ayudarle.

Este artículo fue publicado gracias a la colaboración de USWATUL MUSLIMAH.