Había una vez una persona que vigilaba diligentemente su salud. Periódicamente comprobaba su presión arterial, azúcar en la sangre, colesterol, vitamina D y otros marcadores similares que indican una buena o mala salud. Sin embargo, después de muchos años, a esa persona le diagnosticaron una enfermedad que nunca había pensado en combatir, un asesino silencioso que hasta ahora no había tenido en cuenta: el cáncer. Su salud se deterioró rápidamente y, en cuestión de meses, parecía estar al borde de la muerte.

De la misma manera, la mayoría de nosotros hacemos una introspección de nuestras vidas, en algún momento u otro, como en las noches auspiciosas y ocaciones virtuosas. Nos dirigimos a Al’lah Ta’ala en arrepentimiento, derramamos lágrimas de remordimiento e intentamos cambiar nuestras vidas. Al hacer Tawbah, recordamos los Salah que dejamos de lado, las mentiras que dijimos, la música que escuchamos y otros pecados similares.

Sin embargo, siendo muy astuto, Sheytan nos hace olvidar ciertos pecados y males, y hace que nos volvamos ajenos a ellos. Estos pecados se vuelven «normales», hasta tal punto que incluso muchos de aquellos que son considerados conscientes del Din (religión) olvidan que estas acciones son pecados. El resultado destructivo de esto es que uno nunca se arrepiente de estos pecados. Por lo tanto, en algún momento de su vida, o después de su muerte, este cáncer mortal surgirá, dejando estragos y destrucción a su paso.

Entre estos males pasados ​​por alto está el mal de la desvergüenza y el abandono de la Hayá (pudor y modestia). La instrucción del Corán es que las mujeres permanezcan en sus hogares y no abandonen sus hogares sin necesidad. Y que al salir del hogar para satisfacer alguna necesidad genuina, se les instruye vestirse de manera modesta y recatada, con ropa holgada, que cubra el cuerpo completamente, ponerse el hiyab (Niqab) y no aplicarse ningún tipo de fragancia o perfume.

Lamentablemente, nuestra Hayá se ha deteriorado tanto que muchas mujeres salen de sus hogares varias veces al día, para fines no esenciales, con el cabello ondeando al aire, haciendo alarde de la última moda y llamando la atención y atrayendo los ojos de todo hombre. Además de salir de casa, muchas mujeres hablan casualmente con hombres No Mahram (persona con quien está prohibido el contacto), ¡e incluso hablan y bromean con ellos de manera familiar! Muchas mujeres trabajan con hombres No Mahram e interactúan con ellos constantemente, y en lugar de hacer Tawbah por el pecado en el que están involucradas y pedirle a Al’lah Ta’ala para ayudarlas a salir de este entorno y ganarse su sustento con Hayá y respeto, en cambio, se sienten «orgullosas» y, por así decirlo, ¡se sienten contentas por el mal en el que están involucradas!

Lo mismo se aplica también a los hombres. Muchos hombres emplean secretarias y personal femenino en sus negocios, luego interactúan con ellas y, a veces, incluso permanecen recluidos con ellas, a pesar de ser posible para ellos contratar hombres para realizar el mismo trabajo. Desafortunadamente, el hecho de que esto sea un pecado no parece pasar por la mente.

Aún peor es cuando una persona que es una figura respetada y conocida del Din (religión) en la comunidad, ingresa a un negocio de propiedad musulmana por alguna necesidad y, a pesar de que el dueño masculino está presente, casualmente le dice a los Alim (erudito): “¡Mowlana! ¡Nuestra asistente le atenderá en unos momentos!”

Nuestra Hayá está tan erosionada que prácticamente es inexistente. ¿No siente el hombre ninguna vergüenza al decirle al respetado Alim que lo deja con su «secretaria/trabajadora» y que ella lo «atenderá» a su debido tiempo? Por lo menos, ¿no puede tomarse la mínima molestia de atender personalmente a una persona religiosa o por lo menos hacer los arreglos para que uno de sus empleados masculinos atienda a personas respetada?

Esto no significa que este tipo de Hayá sólo deba ser observada en el caso de un Alim piadoso –debe ser observada para todos y por cada uno de nosotros, en todos los ámbitos– pero, sin duda, es mucho más reprensible cuando incluso la figura de un respetado Alim no logra evocar algún tipo de sentimiento de Hayá y vergüenza dentro de nosotros.

En esencia, la falta de Hayá y el predominio de la desvergüenza es un tipo de cáncer que no se percata en la mayoría de las personas. En algunos casos, este cáncer aparece durante la vida, rompiendo el matrimonio cuando el marido tiene una aventura con la «secretaria/empleada», o la esposa se involucra con el «empleado de la casa», con alguien en el gimnasio, lugar de trabajo, etc. Si no es en este mundo, entonces este cáncer seguramente aparecerá destrúyenos en el Más Allá. Por tanto, debe tratarse y erradicarse sin demora.

Que Al’lah Ta’ala nos salve del cáncer de la desvergüenza, amén

Este articulo fue preparado gracias a la colaboración de USWATUL MUSLIMAH.

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