A veces miras a tu hijo y te preguntas: «¿Estaré haciendo lo suficiente?».

Es fácil sentirse impotente cuando se trata del Iman (la fe) de nuestros hijos.

Los criamos en un mundo lleno de distracciones, influencias y Fitnah (pruebas y tentaciones) de las que no siempre podemos protegerlos.

Intentamos educarlos consultando libros sobre crianza y poniendo en práctica distintas técnicas educativas.

Y, aunque todo esto tiene su valor, a menudo pasamos por alto la herramienta más poderosa de todas: la Dua (súplica).

El Profeta ﷺ nos recordó el lugar especial que ocupa la súplica de un padre o una madre por sus hijos.

Al·lah escucha las Dua que elevas cuando te preocupas por ellos.

No puedes controlar todas las influencias a las que estarán expuestos tus hijos ni garantizar que siempre tomarán las decisiones correctas.

Pero sí puedes acudir a Aquel que tiene el control de sus corazones.

Si hay un hábito de crianza que debas incorporar a tu vida cotidiana, que sea este:

«Haz Dua por tus hijos»

Pídele a Al·lah que los guíe, los proteja y fortalezca su Iman.

Recuerda: tus súplicas sinceras son una forma esencial de cuidar y nutrir sus corazones, más allá de cualquier técnica o herramienta de crianza.

El Imam Fudeyl ibn Iyad hizo la siguiente súplica por su hijo Alí:

«¡Oh, Al·lah! Me esforcé por enseñar a Alí los buenos modales, pero no pude lograrlo. Así que encárgate Tú de enseñárselos por mí».

Al·lah respondió a su súplica, y Alí llegó a ser uno de los eruditos y siervos más virtuosos.

Abdul·lah ibn al-Mubarak (rahimahul·lah) dijo:

«El mejor de los hombres es Fudeyl, y mejor que él es su hijo Alí».