En muchas de sus súplicas, el Mensajero de Al’lah ﷺ (la paz y las bendiciones sean con él) imploraba la protección de Al’lah Ta‘ala, el Todopoderoso, contra estados espirituales dañinos. Aunque el Mensajero de Al’lah ﷺ era el ser más protegido de toda la creación, aun así realizaba estas súplicas, movido por una profunda humildad ante Al’lah Ta‘ala y para enseñar a la umma la importancia de buscar Su protección y resguardarse de estos daños espirituales. Una de estas súplicas es:

اَللّٰهُمَّ إِنِّي أَعُوذُ بِكَ ‌مِنْ ‌عِلْمٍ ‌لَا ‌يَنْفَعُ ، وَمِنْ قَلْبٍ لَا يَـخْشَعُ ، وَمِنْ نَفْسٍ لَا تَشْبَعُ ، وَمِنْ دَعْوَةٍ لَا يُسْتَجَابُ لَـهَا

«¡Oh, Al’lah! Me refugio en Ti del conocimiento que no beneficia, del corazón que no se humilla, del alma que nunca se satisface y de la súplica que no es respondida».

[Sahih Muslim #6906]

En esta súplica, breve pero completa, el Profeta Muhammad ﷺ busca refugio de cuatro grandes aflicciones espirituales:

1. El conocimiento que no beneficia

El verdadero conocimiento debe conducir a la práctica, beneficiar tanto a quien lo posee como a los demás, infundir humildad y temor de Al’lah Ta‘ala, refinar el carácter y guiar hacia la rectitud. Si el conocimiento no produce estos resultados, es inútil e incluso puede testificar en contra de una persona en el Día del Juicio Final. También existe aquello que se presenta como “conocimiento”, pero que en realidad es ignorancia: elocuencia superficial o ideas erróneas que conducen a la desviación. En esta súplica, el Profeta Muhammad ﷺ buscó protección contra todas estas formas de conocimiento.

2. Un corazón sin humildad

El verdadero propósito del corazón es llenarse del amor por Al’lah Ta‘ala, de Su temor y de humildad en Su recuerdo. Un corazón desprovisto de estas cualidades está espiritualmente muerto, aunque siga latiendo físicamente. Cuando una persona no se humilla al recordar a Al’lah Ta‘ala, ello es una señal de la dureza de su corazón. Por ello, también se busca protección contra esta aflicción.

3. Un alma insaciable

Un alma descontrolada es infinitamente codiciosa y siempre desea más. La satisfacción, en cambio, es la mayor riqueza. Sin ella, los deseos se convierten en necesidades interminables. El Profeta Muhammad ﷺ comparó la codicia por la riqueza y el estatus con dos lobos hambrientos soltados sobre un rebaño de ovejas: la destrucción que causan en la fe de una persona es aún mayor que la que los lobos provocan en el rebaño. [Sunan Tirmidhi #2376]

En esta súplica, la persona pide a Al’lah Ta‘ala que la proteja de un alma así y que, en su lugar, le conceda satisfacción y plenitud con lo que Él ha decretado para ella.

4. Una súplica que no es respondida

Esto se refiere a una súplica que no es aceptada debido a los pecados u otros obstáculos, como no cumplir con las condiciones para su aceptación o la falta de convicción de que será respondida. Dado que Al’lah Ta‘ala es Al-Mujīb —Aquel que responde y acepta las súplicas—, que la súplica de una persona sea rechazada representa una gran pérdida e indica una grave deficiencia espiritual.

Sin embargo, es importante recordar que la aceptación no siempre se manifiesta mediante la concesión exacta de lo que se ha pedido. En ocasiones, puede consistir en una bendición diferente, en la protección contra un daño o en una inmensa recompensa reservada para el Más Allá. Esta comprensión debe alentar al creyente a perseverar en la súplica, pues ella misma es un acto de adoración y una manifestación de humildad ante Al’lah Ta‘ala.

[Adaptado de Mirqat al-Mafatih, vol. 5, págs. 318 y 321, y Sharh ad-Du‘a min al-Kitab wa as-Sunnah, pág. 316].

Esté artículo fue preparado gracias a la colaboración de USWATUL MUSLIMAH.