Mientras la humanidad se acerca a una convulsión global y a momentos de trascendencia histórica —con consecuencias que, sin duda, favorecerán a los justos al final—, este momento exige muchas acciones urgentes, una de las cuales es la reducción intencional de la brecha entre padres e hijos en el hogar.
Durante las últimas dos décadas, los propios padres se han visto tan absortos como sus hijos en el mundo digital. Ellos también navegan, ven, publican, comparan, consumen y buscan una forma de estimulación tras otra. Esto ha dado lugar, especialmente entre los padres más jóvenes, a una cultura de “disfruta la vida”, “no dejes que los hijos te aten”, “no permitas que las obligaciones familiares interrumpan tu estilo de vida”, “dedícate tiempo”, “protege tu espacio”, “sigue viajando, sigue disfrutando, sigue viviendo”.
Con el tiempo, la labor a largo plazo de la Tarbiyah (crianza) comienza a percibirse gradualmente como una interrupción indeseada, en lugar de un privilegio y del camino de la umma hacia su recuperación. El entretenimiento personal y la autogratificación empiezan a primar sobre la construcción de un hogar y la disponibilidad física y emocional.
Los hijos también se están distanciando. Estos espacios en línea han provocado que muchos jóvenes sientan que las generaciones mayores no los comprenden, que no entienden sus necesidades ni las presiones que los rodean. Se sienten incomprendidos, ignorados y juzgados. Por ello, se refugian aún más en sus propios mundos digitales y en espacios privados en línea. Los padres se distancian en una dirección, los hijos en otra, y la brecha entre ellos se amplía. Cuando esto sucede, otra parte de la fortaleza de la umma se debilita.
De cara al futuro, es necesario revitalizar intencionalmente los hogares mediante el Corán, el Salah (la oración), Talim (círculos de aprendizaje), conversaciones significativas durante la cena y una reducción deliberada de los hábitos digitales que han contribuido al distanciamiento entre padres e hijos.
_Por: Sheij Ali Hammuda_
