Vivir para Al’lah (Ta’ala, el Altísimo) requiere que cada intención y cada acción estén dirigidas exclusivamente a buscar Su complacencia. Tu objetivo en cada movimiento, en cada momento de quietud, en cada interacción, en cada silencio y en cada palabra es complacer a tu Señor. Sin embargo, es un camino exigente, lleno de dificultades, luchas y un esfuerzo inmenso.

Quienes viven para Al’lah Ta’ala soportan dificultades que otros, cuyos corazones carecen de este profundo y noble propósito, jamás podrían soportar.

¿Acaso Nuh -Noé, la paz sea con él- habría soportado la burla, la humillación y las cargas de la prédica durante 950 años si no hubiera vivido esos años con Al’lah y para Al’lah?

¿Acaso Ibrahim -Abraham, la paz sea con él- habría podido enfrentarse a su pueblo y mantenerse firme ante su maltrato y su opresión sin esa conexión con su Señor?

¿Acaso Ayyub -Job, la paz sea con él- habría podido soportar con paciencia años de grave enfermedad, dolor y dificultades sin encontrar en su Señor una compañía íntima durante aquellas pruebas?

¿Acaso Yusuf -José, la paz sea con él- habría soportado pacientemente el encarcelamiento si no hubiera sido un hombre cuya vida estuvo dedicada a Al’lah Ta’ala?

Todos ellos comprendieron que, así como todos los asuntos pertenecen a Al’lah Ta’ala, también la vida entera debe vivirse para Él. Es este tesoro espiritual de Iman (fe) lo que permitió a quienes vivieron para Al’lah Ta’ala aceptar incluso la muerte por Su causa sin vacilar.