Hace poco, tenía un paquete que necesitaba enviar. Lo llevé de un sitio a otro, intentando encontrar un lugar donde lo aceptaran. Nadie lo hacía, así que seguí cargando con él. Finalmente, encontré una oficina de correos que lo aceptó. Y, en el momento en que lo entregué, sentí un extraño alivio.
Esto también me hizo pensar en los viajes. Llevas la maleta por el aeropuerto, subes escaleras, vas de un lado a otro… y, cuando por fin la dejas en el suelo, experimentas esa sensación inmediata de alivio.
A veces, hacemos lo mismo en el plano emocional. Cargamos con viejas decepciones, con cosas que nos dijeron, con errores que cometimos, con relaciones que nos hicieron daño.
Y, como llevamos esa carga durante tanto tiempo, olvidamos lo pesada que se ha vuelto. No tienes por qué arrastrar todo tu pasado hacia tu futuro. Permítete soltar aquello que ya no necesita viajar contigo.
Dale espacio a tu mente para lo que tienes delante. Para el bien que aún existe. Para las personas que te quieren. Para las posibilidades que Al·lah ha puesto ante ti.
No tienes que seguir cargando con aquello que ya no te corresponde llevar.
Fuente: Athaar
