Mira la lluvia. Cada gota es distinta, separada; nunca se fusiona con otra. Y si cayera toda a la vez, aquello que está destinado a dar vida la destruiría. Así que Al’lah la envía exactamente como debe venir: gota a gota, precisamente, perfectamente, sin un solo error de cálculo.
Ibn al-Qayyim (rahimahul’lah) entonces plantea una pregunta que debería detenerte:
Si Al’lah maneja con tanta perfección la caída de la lluvia, ¿cuán perfecta debe ser Su gestión en los detalles de tu vida?
La provisión que aún no ha llegado, la puerta que aún no se ha abierto, la respuesta que aún no has recibido… No es tardía ni olvidada: llega exactamente como debe venir.
Gota a gota… Precisamente… Perfectamente…