La amarga verdad es que, a menudo, aprendemos más de nuestros errores que de hacer las cosas bien.

No nacemos sabiendo caminar. Un niño se pone de pie, se cae, lo intenta de nuevo, pierde el equilibrio y, poco a poco, aprende.

Entonces, ¿por qué, como adultos, esperamos saber desenvolvernos a la perfección en todo desde el primer intento?

Muchas de nuestras habilidades se desarrollan mediante el ensayo y el error: tomamos una decisión equivocada, malinterpretamos las cosas, reaccionamos mal, probamos algo que no funciona, y entonces aprendemos.

Crecer no significa no cometer errores. Significa tener la capacidad de reflexionar sobre ellos, asumir la responsabilidad cuando corresponde y permitir que nos enseñen algo.

A veces, el error que desearías no haber cometido jamás se convierte en la lección que nunca olvidarás.

Fuente: Āthāār