Una vez más, la fiebre del Qurbani/Udhiyah se siente en el aire. Esos jardines exóticos, donde incluso unas pocas hojas secas son normalmente intolerables, estarán cubiertos de excrementos de oveja. Esas madres que no soportan ni una sola mancha en la ropa de sus hijos verán a sus queridos regresar a sus hogares impecables, todos sucios y con mal olor. Esos coches, en los que colocar un saco de cebollas a menudo se convierte en un problema, tendrán baldes y cúler de carne recién cortada dentro del maletero.

¿Alguna vez te has preguntado cómo sucede todo esto?

La respuesta es simple… Es el resultado del gran espíritu de nabí Ibrahim (alayhis salam-que la paz sea con él).

Este espíritu suyo ha quedado encapsulado en esta aleya del Sagrado Corán:

Diles: “Mi oración, mi ofrenda, mi vida y mi muerte pertenecen a Dios, Señor del universo”… [sura: Al-An’am, aleya: 162]

Fue este mismo espíritu el que lo impulsó a abandonar en su juventud a su familia y a sus ancestros incrédulos y le permitió dejar a su esposa e hijo bebe en una tierra árida en su vejez. Este espíritu lo motivó aún más a aceptar con gusto la orden de sacrificar a su amado hijo, cuando más lo necesitaba… en su avanzada edad.

Todo esto y mucho más, lo hizo simplemente porque… era la orden de su amado Al’lah. Ninguna relación, deseo o emoción era importante o querida para él si se convertía en un obstáculo para cumplir la orden de Al’lah Ta’ala.

Por lo tanto, la gran lección de la Udhiyah que debemos aprender es que todo deseo, placer o emoción inadmisible debe ser “colocada bajo el filo de la navaja” por la causa de nuestro amado Al’lah.

Estos deseos se manifiestan en diferentes formas. Para algunas mujeres, puede ser el deseo de caer en la tentación de un joven encantador, el impulso de vestirse con ropas ajustadas que delaten su figura, o de usar el último perfume y ponerse maquillaje de un diseñador para llamar la atención al caminar por la «pasarela». Para otras, podría ser el deseo de silenciar a una suegra insistente, de sermonear a una cuñada curiosa, de escuchar la última canción o de ver la película más popular.

Todos estos deseos y emociones inadmisibles deben ser “sacrificados bajo el filo del cuchillo” para que alcancemos el verdadero espíritu de la Udhiyah (sacrificio). Si fracasamos en esto, habremos perdido terriblemente, aunque hayamos llenado nuestros congeladores con carne para un año entero o incluso más.

Este artículo fue preparado gracias a la colaboración de USWATUL MUSLIMAH.

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