Como padres y Ustad (maestros), siempre deseamos transmitir a nuestros hijos la mayor cantidad de conocimientos posible sobre su religión (Din).

En un mundo que muchas veces prioriza los indicadores externos por encima de los internos, es fácil dejarse llevar por cuántas suras han memorizado, cuántos libros de texto han completado o qué tan altas son sus calificaciones.

Querer enseñar más a nuestros hijos es una hermosa intención. Sin embargo, es importante recordar que el conocimiento no está destinado simplemente a ser aprendido.

El propósito más elevado del conocimiento es ponerlo en práctica: permitir que transforme nuestro corazón y nuestras acciones, y que nos convierta en mejores siervos de Al·lah Ta’ala.

Por eso, la próxima vez que comiences a enseñar a tu hijo un nuevo tema, una sura o un texto, hazte una pregunta:

«¿Cómo puedo ayudarle a poner esto en práctica? ¿Cómo puedo ayudarle a transformarse a través de este conocimiento?»

Porque al final, no se trata solo de cuánto saben nuestros hijos, sino de en quiénes se están convirtiendo gracias a lo que aprenden.

– Fuente: Quranic Tarbiyah