Las bendiciones de Al’lah son una responsabilidad
Alhamdulil’lah. Al’lah Ta’ala, el Altísimo, nos ha concedido innumerables bendiciones que no podríamos contar aunque dedicáramos toda una vida a hacerlo. Al’lah Ta’ala dice en el Sagrado Corán:
“Si intentaran contar las gracias de Al-lah, no podrían enumerarlas”.
[Sura An-Nahl, 16:18]
Entre todas las bendiciones que hemos recibido, ninguna es más valiosa que el Imán (la fe). Después de concedernos la fe, Al’lah Ta’ala nos bendijo con salud, seguridad, tiempo, riqueza, familia y muchas otras gracias incontables.
Sin embargo, estas bendiciones no son solamente regalos; también son una responsabilidad. Ser agradecidos no consiste únicamente en pronunciar “Alhamdulil’lah” con la lengua. La verdadera gratitud consiste en utilizar las bendiciones de Al’lah Ta’ala de la manera que Él ama y aprueba. Cuando una bendición se emplea en la obediencia a Al’lah Ta’ala, se convierte en motivo de agradecimiento. Cuando se utiliza en aquello que Le desagrada, se convierte en una forma de ingratitud.
Al’lah Ta’ala dice en el Sagrado Corán:
“Si son agradecidos, ciertamente les aumentaré Mis favores; pero si son ingratos, ciertamente Mi castigo es severo”.
[Sura Ibrahim, 14:7]
Por ello, cada musulmán debe preguntarse: ¿cómo estoy utilizando mi tiempo, mi dinero, mis energías y mi atención?
El criterio del musulmán
Vivimos en una época en la que muchas actividades se consideran normales simplemente porque son populares. Sin embargo, el musulmán no determina lo correcto y lo incorrecto basándose en la opinión de las masas, las tendencias del momento o el entusiasmo colectivo.
El criterio del creyente es la sharía.
Toda actividad social, cultural o recreativa debe ser evaluada a la luz de las enseñanzas del Islam. Si una práctica se encuentra dentro de los límites establecidos por Al’lah Ta’ala, puede ser permitida. Pero si conduce al pecado, promueve la desobediencia o expone al creyente a influencias perjudiciales para su Din y religión, entonces debe ser evitada, independientemente de cuán popular sea.
Este principio también se aplica a los grandes eventos deportivos contemporáneos.
Más allá de la Copa Mundial, Liga y Turnamentos
Las observaciones de este artículo no se limitan a la Copa Mundial ni a un torneo específico. Se aplican, en distintos grados, a numerosos eventos deportivos modernos: campeonatos mundiales, torneos continentales, ligas profesionales, finales internacionales y otros espectáculos deportivos que atraen a millones de personas.
El problema no es el nombre del torneo ni el deporte en sí mismo.
La verdadera cuestión es el ambiente que rodea a estos eventos, los valores que promueven y el efecto que tienen sobre el corazón, el comportamiento y las prioridades del musulmán.
El entretenimiento no es neutral cuando está rodeado de pecado
Con frecuencia, estos eventos no se limitan a la práctica o contemplación de un deporte.
En muchos casos, van acompañados de música constante, exhibición de la desnudez o la falta de modestia, consumo de alcohol, mezcla entre hombres y mujeres, exaltación de celebridades, lenguaje obsceno, fanatismo y otras prácticas claramente contrarias a los principios islámicos.
Aunque una persona afirme que únicamente asiste para ver el partido, resulta difícil negar la realidad del entorno que la rodea.
El musulmán tiene la obligación de proteger su vista, su oído, su corazón y su Imán. Exponerse voluntariamente a ambientes donde la desobediencia a Al’lah se presenta como algo normal o incluso admirable no puede considerarse una decisión prudente para quien desea preservar su relación con su Señor.
La influencia del ambiente
El Islam concede una enorme importancia a los ambientes y a las compañías.
El Mensajero de Al’lah ﷺ dijo:
“El ejemplo del buen compañero y del mal compañero es como el del vendedor de almizcle y el herrero. Del vendedor de almizcle puedes obtener perfume o, al menos, disfrutar de su fragancia. En cuanto al herrero, puede quemarte la ropa o hacerte percibir un olor desagradable”.
Este hadiz enseña que las personas y los ambientes influyen inevitablemente sobre nosotros.
Muchos creen que pueden asistir repetidamente a lugares dominados por la desobediencia sin verse afectados. Sin embargo, la experiencia demuestra que la repetida exposición al pecado termina disminuyendo la sensibilidad espiritual del corazón. Lo que antes parecía inaceptable comienza a parecer normal. Lo que antes generaba rechazo comienza a tolerarse. Y aquello que antes se evitaba termina siendo buscado.
La protección del Imán exige reconocer esta realidad.
Una advertencia para los padres
Los padres musulmanes tienen una responsabilidad especial.
Así como se preocupan por la educación académica y éxito mundano de sus hijos, deben preocuparse aún más por su formación espiritual y éxito de la Otra Vida.
Muchos jóvenes desarrollan una profunda admiración por deportistas, clubes, equipos y competiciones. Conocen los nombres, estadísticas y trayectorias de sus ídolos deportivos, pero desconocen aspectos fundamentales de su religión.
Cuando los hijos son expuestos constantemente a ambientes donde el pecado se normaliza, el riesgo no se limita a una salida ocasional. Poco a poco pueden adoptar valores, hábitos y aspiraciones que los alejan de los ideales islámicos.
Por ello, los padres deben reflexionar seriamente sobre los ambientes que permiten frecuentar a sus hijos y sobre las influencias que están moldeando sus corazones.
El fanatismo deportivo y las prioridades del creyente
Uno de los fenómenos más preocupantes de nuestra época es el fanatismo deportivo.
Algunas personas dedican cantidades extraordinarias de tiempo, emoción, atención y dinero a seguir equipos, ligas y competiciones. Celebran victorias ajenas con una pasión desbordante y sufren derrotas como si se tratara de asuntos personales.
Sin darse cuenta, el deporte deja de ser un simple entretenimiento y pasa a ocupar un lugar excesivo en la vida.
El musulmán debe preguntarse sinceramente:
¿Cuánto tiempo dedico a seguir resultados deportivos? Y ¿Cuánto tiempo dedico a la recitación del Corán?
¿Cuánto sé acerca de mis equipos favoritos? Y ¿Cuánto sé acerca de mi Din?
¿Dónde están realmente mis prioridades?
La riqueza es una bendición
La riqueza es un depósito confiado por Al’lah Ta’ala.
Las entradas para los partidos, los viajes, los alojamientos, la mercancía oficial, las suscripciones y otros gastos relacionados con estos espectáculos representan, para muchos, cantidades significativas de dinero.
El creyente debe recordar que será interrogado acerca de cómo obtuvo sus bienes y cómo los utilizó.
Mientras millones se gastan en entretenimiento, existen pobres que alimentar, mezquitas que sostener, estudiantes de conocimiento que apoyar y numerosas causas beneficiosas que necesitan ayuda.
La pregunta no es simplemente si algo puede pagarse, sino si representa el mejor uso posible de las bendiciones que Al-lah nos ha concedido.
El tiempo es una bendición aún más valiosa
El tiempo perdido jamás regresa.
El Mensajero de Al’lah ﷺ enseñó que el ser humano será interrogado acerca de su vida y acerca de cómo la empleó.
Horas dedicadas a seguir noticias deportivas, analizar fichajes, debatir resultados, ver partidos y consumir contenido relacionado pueden acumularse hasta convertirse en meses e incluso años de una vida.
El creyente inteligente reflexiona constantemente sobre aquello que le acercará a Al-lah y le beneficiará en la Otra Vida.
Esto no significa que toda recreación sea ilícita ni que el Islam prohíba el ejercicio físico o la actividad deportiva. Por el contrario, la salud y la fortaleza son bendiciones valiosas.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre practicar deporte de forma saludable y convertir los espectáculos deportivos en una obsesión que absorba el corazón y desplace las prioridades espirituales.
Contrarrestar el mal con el bien
Cuando aumentan las tentaciones, el creyente debe aumentar sus esfuerzos en la obediencia a Al’lah.
En lugar de invertir excesivamente nuestro tiempo y energía en espectáculos pasajeros, deberíamos fortalecer nuestra relación con nuestro Señor mediante la oración, la recitación del Corán, el dhikr, el ayuno voluntario, la búsqueda de conocimiento islámico y el servicio a la comunidad.
La mejor manera de combatir la influencia de los ambientes perjudiciales es llenar nuestras vidas con aquello que fortalece el Imán.
Conclusión
Los grandes eventos deportivos modernos son presentados como simples formas de entretenimiento. Sin embargo, el musulmán consciente observa más allá de la superficie. Evalúa no solo el deporte en sí, sino también el ambiente, los valores y las consecuencias espirituales que lo acompañan.
El creyente que valora su Imán no debe dejarse arrastrar por la popularidad de una actividad ni por el entusiasmo de las multitudes. Debe preguntarse siempre si aquello le acerca a Al-lah o le aleja de Él.
Nuestro tiempo, nuestra riqueza, nuestra atención y nuestro corazón son bendiciones inmensas. No permitamos que sean consumidos por aquello que perjudica nuestro Din y debilita nuestra relación con Al-lah Ta’ala.
Que Al’lah Ta’ala nos conceda comprensión, firmeza, gratitud por Sus bendiciones y la capacidad de utilizar nuestras vidas de la manera que Le complazca. Amín.
