Durante la última enfermedad de Abdul’lah ibn Mas‘ud (radiyal’lahu ‘anhu —que Al’lah esté complacido con él—), Usman Ibn Affan (radiyal’lahu anhu), el califa de la época, fue a visitarlo. Usman (radiyal’lahu anhu) le preguntó: «¿De qué sufres?». Él respondió: «De mis pecados».
Usman (radiyal’lahu anhu) le preguntó entonces: «¿Qué deseas?». Él respondió: «La misericordia de mi Señor».
Usman (radiyal’lahu anhu) le preguntó además: «¿No debería llamar a un médico para ti?». Él respondió: «El verdadero Médico —es decir, Aquel que realmente da la enfermedad y la cura, Al’lah Ta‘ala— me ha dado esta enfermedad; así que, ¿por qué habría de acudir a otro médico?».
Después, Usman (radiyal’lahu anhu) preguntó: «¿No debería gestionarte una asignación del tesoro público?». Abdul’lah ibn Mas‘ud (radiyal’lahu anhu), quien previamente había rechazado recibir una asignación del tesoro público, prefiriendo permanecer independiente, respondió: «No la necesito».
Usman (radiyal’lahu anhu) explicó: «Podría ser para tus hijas después de tu fallecimiento». Abdul’lah ibn Mas‘ud (radiyal’lahu anhu) respondió: «¿Temes que mis hijas sufran pobreza? Les he enseñado algo que, si lo recitan, jamás la experimentarán». Luego añadió: «Les instruí a mis hijas que recitaran la sura Al-Waqiah todas las noches, porque escuché al Mensajero de Al’lah ﷺ decir: “Quien recite la sura Al-Waqiah todas las noches, nunca será afligido por la pobreza”».
[Shu‘ab al-Iman, n.º 2267; Fada’il al-Sahabah —Imam Ahmad ibn Hanbal—, n.º 1247; Tarij Ibn ‘Asakir, vol. 33, p. 187]
Abdul’lah ibn Mas‘ud (radiyal’lahu anhu) falleció en Medina en el año 32 de la Hégira, a la edad de 63 años, y fue sepultado en el cementerio de Yannat al-Baqi. [Usd al-Ghabah, vol. 3, p. 78; Tarij Ibn ‘Asakir, vol. 33, p. 190]
Cuando Abu Darda (radiyal’lahu anhu) recibió la noticia de su fallecimiento, exclamó: «No ha dejado a nadie de su talla». [Fada’il al-Sahabah —Imam Ahmad ibn Hanbal—, n.º 1540]
Lecciones:
- La conexión de Abdul’lah ibn Mas‘ud (radiyal’lahu anhu) con el Sagrado Corán se mantuvo hasta su último aliento. Incluso en su lecho de muerte, su convicción en Al’lah Ta‘ala y en Su Libro divino permaneció inquebrantable. Alcanzar este nivel de fe y morir de esta manera requiere toda una vida de esfuerzo constante en esa dirección.
- Al’lah Ta‘ala y Su bendito Profeta ﷺ nos han proporcionado diversas prescripciones para asegurar nuestro bienestar terrenal y atender nuestras necesidades. La estabilidad financiera es una preocupación natural del ser humano. Mientras trabajamos incansablemente para cubrirla, el Profeta ﷺ nos enseñó una práctica sencilla: la recitación diaria de la sura Al-Waqiah como medio de protección contra la pobreza.
- Preservar nuestra propia religión es vital, pero también lo es salvaguardar la de nuestras familias. Cuando una persona parte de este mundo, deja un legado para sus hijos, sea bueno o malo. Para procurar su éxito en esta vida y en la otra, debemos enseñarles la fe (Imán) e inculcarles buenas obras (Amal). Esto será un medio de salvación para ellos y una recompensa continua (Sadaqah Yariyah) para nosotros en el más allá.
Este artículo fue publicado gracias a la colaboración de USWATUL MUSLIMAH.
