Entre las mujeres ilustres del Islam se encuentra la Sahabiyah Ummu Sharik (radiyal’lahu anha, que Al’lah esté complacido con ella), cuyo nombre era Guzaiyah. Estaba casada con un Sahabi llamado Abul Akar (radiyal’lahu anhu).

Ummu Sharik (radiyal’lahu anha) era una mujer adinerada y de excepcional generosidad. Frecuentemente recibía invitados y gastaba abundantemente en el camino de Al’lah Ta’ala, Todopoderoso. [Sahih Muslim #7386]

Ummu Sharik (radiyal’lahu anha) abrazó el Islam mientras se encontraba en Meca Mukarramah. A partir de entonces, comenzó a visitar en secreto a las mujeres de Qureysh, animándolas e invitándolas al Islam. Finalmente, los habitantes de Meca Mukarramah descubrieron sus esfuerzos. La apresaron y le dijeron: «¡Si no fuera por tu tribu, te habríamos castigado severamente! Sin embargo, pronto te devolveremos con ellos».

Luego la montaron en un camello tosco y difícil de manejar —el peor de sus animales—, sin silla ni acolchado, y emprendieron el viaje. Cuando el calor del mediodía se intensificaba, se detenían y levantaban sus tiendas para resguardarse a la sombra, mientras la dejaban atada bajo el sol abrasador hasta que perdió la razón, el oído y la vista. También la privaron de comida y bebida. Este trato se prolongó durante tres días.

Al tercer día, se dirigieron a ella diciendo: «¡Abandona esa religión que profesas!».

Debido a su extrema debilidad, Ummu Sharik (radiyal’lahu anha) apenas pudo comprender fragmentos de sus palabras. En respuesta, alzó el dedo hacia el cielo, afirmando el Tawhid (la unicidad de Al’lah Ta’ala).

Mientras yacía en aquella lamentable condición bajo el sol del mediodía, de repente sintió algo fresco sobre su pecho. Al extender la mano, se dio cuenta de que era un balde de agua. Bebió un poco y, el balde se elevó. Al alzar la vista, observó que permanecía suspendido entre el cielo y la tierra. El balde descendió por segunda vez; ella lo tomó y bebió nuevamente, y una vez más volvió a elevarse. Esto se repitió varias veces hasta que quedó completamente saciada, tras lo cual vertió el agua restante sobre su rostro, su cuerpo y su ropa.

Cuando sus captores despertaron, se asombraron al encontrarla sana y salva, con rastros de agua a su alrededor. Exclamaron: «¿De dónde sacaste esto, enemiga de Dios? ¿Te escapaste y bebiste de nuestros odres?».

Ella respondió: «El enemigo de Dios es quien se opone a Su religión, no yo».

Entonces les relató lo sucedido y dijo: «Este es el sustento que Al’lah Ta’ala me ha provisto».

Ellos dijeron: «Si dices la verdad, entonces tu religión es mejor que la nuestra».

Se apresuraron a inspeccionar sus odres y los encontraron sellados tal como los habían dejado. Al comprender la verdad, declararon: «Damos testimonio de que tu Señor es nuestro Señor, y que Quien te proveyó sustento en este lugar, después de lo que te hicimos, es verdaderamente Quien ordenó el Islam».

Así, todos aceptaron el Islam y emigraron junto al Profeta Muhammad ﷺ. Posteriormente, continuaron honrando a Ummu Sharik (radiyal’lahu anha), reconociendo la ayuda especial que Al’lah Ta’ala le había concedido. [Hilyatul Awliya, vol. 1, pág. 528; Tabaqat Ibn Sa’d, vol. 8, pág. 155; y Usdul Ghabah, vol. 5, pág. 49].

Lecciones

  1. Cuando el Iman y la fe penetra en lo más profundo del corazón, surge de manera natural la preocupación por la guía y la fe de los demás. Esto motivó a Ummu Sharik (radiyal’lahu anha) a visitar a las mujeres de su comunidad e invitarlas al Islam, plenamente consciente de los peligros que podía enfrentar. Aunque esto ocurrió antes del establecimiento de las normas relacionadas con el hiyab y la permanencia en el hogar, la lección sigue siendo atemporal: un verdadero creyente siente una responsabilidad genuina por la religión de los demás y procura guiarlos utilizando los medios adecuados.
  1. Cada día se presentan numerosas oportunidades para invitar a otros hacia Al’lah Ta’ala. Al aprovecharlas, seguimos los pasos del Profeta Muhammad ﷺ y de los Sahabah (radiyal’lahu anhum). Por lo tanto, quienes están más cerca de nosotros —nuestra familia, parientes, vecinos, empleados y quienes nos sirven en nuestros hogares— son algunos de los que más merecen una orientación amable y recordatorios sinceros.
  1. 3. Al’lah Ta’ala pone a prueba a Sus siervos mediante dificultades y tribulaciones; esta es la naturaleza inherente de este mundo como lugar de prueba. Incluso los Ambiya, Profetas (alayhimus salam, la paz de Al’lah sea con ellos), y los Sahabah (radiyal’lahu anhum) soportaron inmensas dificultades por causa de su fe. En tales momentos, nunca se debe perder la esperanza en Al’lah Ta’ala, pues junto con cada dificultad llega la facilidad, tal como Él ha prometido.
  1. Aunque la recompensa definitiva por la paciencia se encuentra en la Otra Vida, Al’lah Ta’ala permite a veces que Sus siervos contemplen sus beneficios incluso en este mundo. Ummu Sharik (radiyal’lahu anha) lo experimentó claramente mediante la ayuda invisible que Al’lah Ta’ala le concedió por mantenerse firme en su religión. Su perseverancia no solo la sostuvo durante aquellas durísimas pruebas, sino que también condujo a que sus captores abrazaran el Islam, otorgándole así un honor y un respeto perdurables entre los Sahabah (radiyal’lahu anhum).
Este artículo fue publicado gracias a la colaboración de USWATUL MUSLIMAH.