Nuestras vidas deben distinguirse de las de los Awam. Los observadores deben comprender plenamente que estas personas no buscan lo mundano y que la riqueza no es su meta en la vida. Nuestro trabajo debe ser únicamente por la causa de Al’lah Ta‘’ala, tal como fue el camino de nuestros Aslaf (predecesores piadosos).

Mientras no se observe una marcada diferencia en el Ajlaq de nuestra fraternidad de Ulama y no se inculque la cualidad de servir a los demás, no podrán influir en ellos ni serán respetados. Tampoco podrán inculcar en la mente de la gente el respeto y el honor por el Din.

El respeto hacia los Ulama nunca se generará informando sobre el tamaño de las madrasas que dirigen ni sobre la gran cantidad de estudiantes que estudian en ellas. Más bien, el honor de los Ulama se crea por la manera en que se presentan y por su forma de vivir.

Cuando los Awam se den cuenta de que estos Ulama consideran tabú poner sus manos sobre aquello por lo que ellos sacrificarían sus vidas —es decir, las posesiones materiales y lo mundano— y que no muestran ningún interés por ello, eventualmente se dirán a sí mismos: “Pensábamos que las riquezas eran lo máximo en la vida, pero, a los ojos de los Ulama, las riquezas no tienen ningún valor”.

_[Mowlana Abul Hasan Ali Nadwi rahimahul’lah: Tuhfat-ul-Aimmah, pág. 77]_

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