Prólogo a la traducción

El tema principal de esta clásica obra, el credo islámico (ʿaqīdah), se centra en el estudio de las doctrinas del Islām y en consecuencia de las creencias que todo aquel que se denomina muslim –sometido a Dios– posee, en la teoría al menos. Esta ciencia fue también denominada por sus especialistas “el entendimiento supremo” o “la jurisprudencia suprema” (al-fiqh al-‘akbar), y “los fundamentos de la Religión” (uṣūl ad-dīn). Estos nombres reflejan en sí mismos cuál es el rol de este conocimiento dentro de los estudios islámicos, y en este caso puede decirse que la realidad del mensaje del Qur’ān corrobora la importancia que sus adeptos han dado a la Creencia, pues en todas y cada una de sus páginas el Libro habla sobre cuestiones doctrinales, desde la Unicidad de Dios –el concepto más reiterado en el Qur’ān– hasta los detalles de la resurrección de los seres humanos, la retribución a estos por el modo en que han conducido sus vidas, y cuanto acontecerá en el Paraíso y el infierno, pasando por el “descenso” o revelación de revelaciones y escrituras a través de numerosos profetas, el medio angelical de dichas revelaciones, y numerosas historias y lecciones de comunidades religiosas de antaño.

La doctrina islámica, para qué mencionarlo, se basa en las escrituras consideradas “fuentes” del Islām, a saber, el Qur’ān y la literatura del ḥadīz de autenticidad verificada. Pero esta aparente simplicidad en las fuentes no evitó el nacimiento de controversias doctrinales en la “Nación” o Ummah de siglos posteriores. Ello, no obstante, confirma la realidad histórica tan repetitivamente subrayada en el Qur’ān: independientemente de la unicidad en la enseñanza de un profeta, las generaciones posteriores caerán en el cisma, a causa de las diferencias de interpretación, la adopción de nuevas metodologías e incluso ideologías, y el simple uso de la enseñanza religiosa con fines de beneficio personal. Esta división es detallada en la tradición profética, pues el Profeta M uḥammad  predijo la división de su Nación en numerosas sectas, “todas ellas en el Fuego salvo una”. Esta tajante condena al sectarismo recuerda a la condena del Qur’ān a todos aquellos que fraccionaron la Religión de los profetas –para el Qur’ān, la sumisión a Dios o islām– y la fragmentaron en diferentes religiones como “cristianismo” o “judaísmo”; las facciones en que estas religiones han sido troceadas son el acrecentamiento del mismo problema. Las diferencias de opinión son hasta cierto punto inevitables, y siempre que se trata de evitar algo natural el remedio termina siendo peor que la enfermedad. Pero no obstante, ¿pueden creencias contradictorias ser verídicas de forma simultánea? La respuesta, desde un punto de vista lógico, es un evidente “no”, y ello es algo que no se escapa a la teología.

Después del florecimiento de diversos cismas en el panorama teológico de la Ummah, algunos teólogos cogieron la pluma –en algunos casos sus discípulos– y se propusieron redactar los fundamentos del Credo islámico a fin de crear concisos textos doctrinales fáciles de recordar y memorizar, que enumeraran las bases de una creencia acorde al Libro de Dios y el ejemplo verbal y práctico del último de Sus Profetas . Estos tratados a su vez refutarían a los puntos de vista extremos tomados por las diferentes sectas.

A continuación se introducirá de forma breve el contenido doctrinal del Qur’ān y la literatura autenticada del ḥadīz, así como las primeras divisiones en cuestiones de este tipo que sucedieron en la Nación de los musulmanes y el contexto en que los defensores del legado del Profeta (ahl as-sunnah) redactaron sus credos. Cierto es que en el Islām no hay un “credo oficial” ni canónico (¿quién va acanonizarlo, pues no hay ninguna jerarquía religiosa?), y esto es lo que hace extra-ordinario el nivel de acuerdo existente entre los teólogos musulmanes sobre los principios fundamentales de la doctrina islámica. Puesto que alrededor del 85% de los musulmanes del mundo se definen como “seguidores de la Sunna”, y todos ellos aceptan el “Credo de Ṭaḥāwī” como una síntesis fiel de la doctrina islámica, podría decirse que el Credo más aceptado por cualquier denominación religiosa existente en el mundo es el que ocupa a estas páginas: Al-ʿAqīdat aṭ-Ṭaḥāwīyah.

Las anotaciones incluidas en el pie del texto tienen primariamente tres finalidades: (a) esclarecer conceptos islámicos que pueden ser desconocidos para el inexperto en la teología del Islām, (b) arrojar luz sobre el significado de vocablos árabes, y (c) vincular aserciones del autor a textos del Qur’ān y el ḥadīz, para que el lector entienda en qué se fundamentan. Otro apunte importante sobre la traducción es que el autor comenzó muchas de las declaraciones del credo con la partícula wa (َ و), que en unas ocasiones hace de conector (como la conjunción “y”) pero en otras indica el inicio de una oración. Entendiendo que en muchos casos es utilizada en este último sentido, no se traducirá como la conjunción “y” al principio de cada afirmación enumerada en el Credo ya que ello sonaría extraño en nuestra lengua.

La numeración de los puntos tratados por el Credo ha sido cifrada en base a la edición publicada en 1990 por Dār Ibn Ḥaẓm (دار إبن حزم) en Beirut (Líbano).

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